11 de noviembre de 2011

The Wayman Tisdale Story

Cuando me planteé poner en marcha este blog sobre baloncesto, automáticamente vino a mi mente el nombre del jugador que protagoniza la historia que posiblemente mejor representa lo que deseo transmitir con esta bitácora. Ese nombre es el de Wayman Tisdale, un magnífico jugador, un talentoso músico y, sobre todo, una maravillosa persona que jamás perdió la capacidad de sonreír. Por pura vagancia fui postergando la redacción de esa entrada y dejé paso a otras en las que la unión entre baloncesto y música han tenido gran peso.

Ahora, tres años después de la muerte de Tisdale, Brian Schodorf ha producido y dirigido el documental “The Wayman Tisdale Story”, un recorrido por la vida de un hombre que ganó el oro olímpico representando a Estados Unidos en aquella final de los Los Angeles 84 en la que España sufrió su derrota más dulce.

Todavía no he podido ver el documental para saber si hará innecesario poner en negro sobre blanco lo que en él se narre y si finalmente este humilde blog se quedará sin su entrada sobre Tisdale pero, tras visionar el avance que incluyo aquí debajo, todo indica que por una vez el libro no podrá ser mejor que la película.



Y ya sabéis, si conocéis alguna historia de baloncesto que pueda encajar con la filosofía de “Defensa Ilegal”, no tenéis más que comunicármelo. Se hará lo que se pueda.

26 de octubre de 2011

El Real Madrid y el sueño de la NBA

Florentino Pérez, manos a la obra.
Corría el año 2002, Florentino Pérez presidia el Real Madrid y sacaba brillo a la novena Copa de Europa, conseguida tras los millonarios fichajes de Figo, Zidane y Ronaldo.  Eran tiempos de bonanza económica –al menos para el presidente del Real Madrid- y la palabra “crisis” no era aún la más pronunciada. Sin embargo, no todo eran alegrías para el presidente del grupo ACS, ya que el equipo de baloncesto no terminaba de carburar y además resultaba sumamente deficitario para el club blanco.

Ramón Calderón, que más tarde sería el relevo de Pérez en la presidencia y que por aquel entonces era el directivo responsable de la sección de baloncesto, pronunció una mañana de octubre las palabras que darían pie al gran titular: “Florentino Pérez quiere al Real Madrid en la NBA”. Lo que para los aficionados al baloncesto suponía una locura para el todopoderoso presidente del Real Madrid era, según Calderón, “un negocio seguro”.

Todo encajaba.  La futura ciudad deportiva del Real Madrid (las actuales instalaciones de Valdebebas) iba a acoger un moderno pabellón para 12.000 espectadores que cumpliría los requisitos de la NBA y de paso serviría para los juegos olímpicos que Madrid seguramente acogería en 2012…  Además, por el mero hecho de jugar la mejor liga del mundo, el club blanco se aseguraría ingentes cantidades de dinero a través de las taquillas –con llenos asegurados hasta cuando viniera el peor equipo de la Midwest Division, claro-, los derechos de televisión y la publicidad.

Han pasado nueve años desde aquellas palabras de Calderón  y la NBA bastante trabajo tiene a día de hoy con intentar seguir viva en Estados Unidos. La idea de una división europea que periódicamente menciona el comisionado David Stern sigue sonando a bella utopía y los aviones siguen tardando lo mismo en cruzar el charco que hace una década.  Sin embargo, el sueño de Florentino ha seguido vivo y cada día que pasa se acerca más a la realidad, aunque por un camino que difícilmente habríamos imaginado en 2002.

Puede que ya hayan escuchado por ahí pero la actual temporada de la NBA está congelada a causa de las diferencias entre jugadores y propietarios a la hora de repartir los beneficios. Ese parón, que responde al nombre de “lockout”, ha provocado que algunos jugadores de la liga estadounidense recalen en los más pudientes equipos europeos. Florentino Pérez lo ha escuchado por la radio y ha pensado “esta es la mía”.

Dicho y hecho, Rudy Fernández y Serge Ibaka aterrizan en Barajas, y la prensa especula con más incorporaciones -¿galácticas?-. Para que el sueño sea aún más real y del Real, resulta que ahora el equipo merengue juega en un céntrico y moderno pabellón con capacidad para 15.000 espectadores, aunque temporalmente tenga que disputar algunos partidos en otro “mágico” recinto de menor capacidad y del que algunos aficionados salen con tortícolis.

Mientras,  el entrenador Pablo Laso recibe a los jugadores como el niño al que los Reyes Magos traen un regalo que no ha pedido. Juguetes buenos, bonitos y no precisamente baratos para formar un equipo llamado a arrasar en Europa.  Suponemos que el resto de la plantilla acoge a los nuevos con la alegría de saber que la suma de efectivos servirá para que el trabajo se reparta equitativamente y nadie se canse demasiado en unos partidos que ganarán casi sin bajar del autobús.

Un sueño hecho realidad del que nos despertaremos cuando desde Nueva York nos digan que el “lockout” ha finalizado. Entonces Florentino Pérez agradecerá los servicios prestados a los temporeros y estudiará los beneficios económicos de su paso por el club.  Por su parte, Laso tendrá que convencer a los jugadores que se queden para que arrasen en Europa tal y como estaba previsto. Tal y como Florentino Pérez esperaba cuando hizo realidad su sueño de convertir al Real Madrid en un equipo NBA.

21 de octubre de 2011

El último guerrero

MARCOS PRIETO
Desde niño se había acostumbrado a jugar con gente mayor y más fuerte que él. A los 20 años, con sus 1.91 metros de estatura y un buen físico, se había convertido en un base muy combativo, pero esto no fue suficiente para que destacara en el equipo de la Universidad de Alabama, situada a poco más de dos horas en coche de su Montgomery natal. Pese a que solo llegó a disputar dos partidos con la camiseta de la “Crimson Tide” (“marea carmesí”), Ray Johnston aún conservaba en 2001 la esperanza de poder ganarse la vida con el baloncesto.

Con la NBA como un sueño inalcanzable, decidió probar suerte acudiendo al mismo campus que el entonces estelar Stephon Marbury y regresó a casa con el premio al jugador que más duro había trabajado. Un reconocimiento que te puede llenar de orgullo, pero que en este caso no equivalía más que a una generosa palmada en la espalda. Johnston veía como su futuro en el mundo del baloncesto se diluía y, una vez graduado, puso rumbo a Dallas para trabajar como agente hipotecario. Comenzaba así una vida diferente en la que el deporte que había practicado toda su vida pasaba forzosamente a convertirse en una afición que compartía tiempo con su trabajo de oficina y su otra gran distracción, la música.

Johnston se apuntó rápidamente a un gimnasio en el que poder seguir manteniendo la forma. Allí coincidió con exjugadores de los Dallas Cowboys de fútbol americano como Deion Sanders o Michael Irvin, que quedaron sorprendidos por sus habilidades baloncestísticas y le pusieron el sobrenombre de “White Chocolate” (“chocolate blanco”). El contacto con los célebres compañeros de gimnasio y sus agentes le sirvió para hacerse un nombre en Dallas y reavivar su deseo de tener una posibilidad en el baloncesto profesional.

LA GRAN OPORTUNIDAD
Johnston, con los Mavericks en 2004

Johnston siguió jugando duro en ligas y torneos locales hasta que en 2004 surgió una oportunidad inesperada.  Disputando el torneo de 3x3 “Hoop-It-Up” deslumbró a los ojeadores de los Dallas Mavericks con un pase por la espalda y un mate. Su exhibición se tradujo en una invitación a participar en la liga de verano del conjunto tejano, donde convenció a todos mostrándose como un base muy fiable. Los Mavericks veían en él un diamante en bruto que podría ser pulido en Europa, donde acumularía la experiencia necesaria para convertirse definitivamente en un “Mav”.  La oferta estaba sobre la mesa y el general manager, Donnie Nelson, le dio seis semanas para que tomara una decisión mientras continuaba entrenando al máximo nivel.

Con 25 años vivía el sueño de tener su propia camiseta de los Mavericks –con el número 2- y compartir vestuario con Steve Nash, Dirk Nowitzki, Josh Howard y el resto de estrellas de aquel equipo candidato al anillo. Pese a los duros entrenamientos, tampoco renunciaba a jugar partidos informales en el antiguo Signature Athletic Club en los que coincidía con el peculiar propietario de la franquicia tejana, Mark Cuban.  Johnston perdió mucho peso en aquellas semanas pero los atribuyó al desgaste físico, al igual que sus problemas estomacales y unas pequeñas erupciones que habían aparecido en su pecho.

DEL CIELO AL INFIERNO

Era agosto y el calor apretaba en Dallas. El jugador estaba disputando un partidillo improvisado a mediodía cuando un oponente le propinó involuntariamente una patada en la espinilla. Nada serio, aparentemente, a pesar de que la zona había comenzado a inflamarse. A la mañana siguiente el equipo médico de los Mavericks se encargó de realizar una breve intervención de cirugía menor para solventar el problema. Sin embargo, esa misma tarde, bajo la rodilla de Johnston surgió una alarmante acumulación de sangre que hizo saltar las alarmas.    Rápidamente fue trasladado al Presbyterian Hospital, donde los especialistas encontraron a la culpable de aquella extraña reacción en el cuerpo de un joven y hasta entonces sano deportista. Johnston tenía leucemia. Para ser más exactos, un subtipo denominado leucemia promielocítica aguda, un cáncer que ataca y debilita los glóbulos blancos de la sangre.

Johnston y Nowitzki,  MVP de 2007
El jugador se despertó al día siguiente, o eso creía él, porque ya no era agosto sino noviembre.  Había pasado tres meses en un coma inducido durante el que su cuerpo mantuvo una lucha titánica contra un cáncer que se había extendido por 84% de su cuerpo, dañando gravemente su circulación sanguínea. Tan doloroso trance se saldó con dos reanimaciones que podrían ser catalogadas como resurrecciones, fallos graves en pulmones y riñón, coágulos en el cerebro y siete dedos de los pies amputados.
 
Contra todo pronóstico, el cáncer comenzó a remitir dos semanas después de que Johnston despertara del coma. Los Dallas Mavericks, conmovidos con la situación del que estaba llamado a convertirse en uno de los suyos, no dudaron en ofrecer todo su apoyo al jugador, que aún permanecería cuatro meses más ingresado. Las  visitas por parte de miembros del equipo, con Cuban y Nowitzki a la cabeza, no cesaron en ese tiempo. El equipo veía en él un ejemplo de superación y lo convirtieron en su particular foco de inspiración.

Sin embargo, la batalla no había hecho más que comenzar para Johnston, que sufriría hasta cinco recaídas en los seis años siguientes y que actualmente continúa luchando contra una enfermedad que parece estar remitiendo gracias a un tratamiento experimental. El apoyo de sus padres, sus creencias religiosas y su inquebrantable determinación por vencer a la enfermedad le han llevado a reponerse una y otra vez de las innumerables estancias en hospitales, así como de las duras sesiones de quimioterapia.

LA MÚSICA COMO CURA

Pero para seguir contando esta historia es preciso volver a 2004, el año que para Johnston solo tuvo nueve meses.  Apartado ya definitivamente del baloncesto por razones de salud, el ya exjugador decidió retomar la guitarra con la que tantos buenos ratos había pasado desde sus tiempos de instituto. Nunca había recibido clases ni sabía solfeo pero fue su tozudez a la hora de intentar versionear sus temas favoritos – con especial predilección por los de la Dave Matthews Band- la que le convirtió en un guitarrista competente.

En la universidad ya había formado una pequeña banda acústica de rock sureño en la que comenzó a perder el miedo a cantar sobre un escenario pero no sería hasta 2006 cuando se tomaría el asunto más en serio tras conocer al experimentado saxofonista Keith Anderson en un club de jazz. Los conocimientos musicales de Anderson se pusieron al servicio de las ideas  y las letras de Johnston para crear la semilla de lo que en 2009 sería la Ray Johnston Band con la entrada del también reputado teclista de jazz y funk Bobby Sparks.

The Ray Johnston's Band al completo
Con la amenaza de la corta esperanza de vida que le otorgaban los médicos, Johnston decidió que no había más tiempo que perder antes de grabar un disco y salir de gira en las mejores condiciones posibles. Para cumplir su objetivo recurrió a sus viejos amigos de los Mavericks, con los que nunca ha perdido el contacto, y en especial a Cuban. El excéntrico y multimillonario empresario, dueño del canal de televisión HDNet, puso todo de su parte para que el proyecto de un documental sobre la primera gira de la banda y su primer trabajo, “Sweet Tooth”, viera la luz.

Así nacieron los ocho capítulos de “The Ray Johnston Band: Road Diaries”, donde se narra la historia del líder de la banda, así como los pormenores de su primer tour a bordo de un autobús rojo bautizado como “Rosie”. El documental trajo la popularidad a la Ray Johnston’s Band que, en sus dos años vida, ya ha ofrecido numerosos conciertos y ha compartido escenario con nombres de la talla de Prince, Herbie Hancock y Chaka Khan, entre otros.

De acuerdo con la página oficial de la banda, sus conciertos “combinan suaves melodías con explosiones de funk, blues y jazz que acentúan la capacidad de Johnston para contar historias”. Respecto a las letras,  en la misma web se asegura que tocan “temas comunes como el triunfo, la lucha, la familia, el amor, los mensajes de texto, Jesús, el coqueteo, la sonrisa y la perseverancia”.

Johnston no se olvida de quienes están situaciones similares a la suya y por eso las giras de su banda también tienen un importante trasfondo solidario con el apoyo constante a la Ryan Gibson Foundation, una asociación sin ánimo de lucro que recauda fondos para la lucha contra la leucemia en Estados Unidos.

“Es el último guerrero”, afirmó un día Mark Cuban, que siente verdadera devoción por Johnston. “Nunca tiene miedo a luchar y no le importa lo difícil que sea, siempre encuentra el lado positivo”. Sin duda, una acertada sinopsis para la vida de un hombre que nunca renuncia a cumplir sus sueños.





*Este texto ha sido redactado a partir de la infinidad de artículos que se han publicado en Estados Unidos sobre la figura de Ray Johnston y con la intención de dejar constancia en español de esta historia de baloncesto, música y superación. Para conocer más detalles sobre la vida de Ray Johnston puedes acceder a la página web de su The Ray Johnston's Band o visitar el canal de la banda en YouTubeSi estás interesado en colaborar desde España en la lucha contra la leucemia puedes hacerlo a través de diversas asociaciones como, por ejemplo, la Fundación José Carreras o la Fundación Cesare Scariolo. 



29 de agosto de 2011

Del baloncesto a la psicodelia

MARCOS PRIETO
La banda Love posee una importancia capital a la hora de entender la revolución musical que tuvo lugar en la década de los 60. Nunca alcanzaron la repercusión de gigantes de la época como Beatles o  Stones pero su tercer trabajo, Forever Changes (1967 ), ha quedado para la historia como uno de los discos fundamentales del siglo XX.  La Costa Oeste de EE.UU., el amor libre y las drogas fueron el contexto de una banda que sorprendió al mundo a base de psicodelia y talento musical. 

Nada en Love era demasiado común al resto de bandas de la época, comenzando por su condición de grupo multirracial. Ver a un negro al frente de una banda de estética hippie no era algo muy habitual en aquellos años, con la notable excepción de Jimmy Hendrix. Sin embargo, no se puede entender Love sin la espigada figura de su líder y vocalista Arthur Lee (1945-2006). 

Pero Lee no siempre aspiró a convertirse en una estrella del Pop y solo cinco años antes de la publicación del primer y homónimo disco de la banda, en 1960, sus pensamientos estaban centrados en un ámbito completamente diferente. En aquellos tiempos, los estudios de grabación, los instrumentos y los amplificadores no habían sustituido todavía al gimnasio, los balones y las canastas del instituto Dorsey, en Los Ángeles.
  
Arthur Lee, con los Dons de Dorsey en 1961.
El joven y espigado Arthur (nacido Arthur Porter Taylor) aspiraba a vivir del baloncesto profesionalmente y parecía tener condiciones suficientes para conseguir su objetivo, despuntando como un gran anotador y capitaneando a los Dons de Dorsey. Sin embargo, como tantas veces ha sucedido, una desafortunada lesión le iba a obligar a cambiar de planes.

Su enorme curiosidad musical le había hecho comenzar a tocar el acordeón, el piano, el órgano y, finalmente, la guitarra. Además, su principal ocupación había pasado a ser la de escuchar discos y más discos, con especial predilección por los de Nat “King” Cole y Johnny Mathis.  Así, su sueño de jugar algún día en Los Angeles Lakers se transformó en el deseó de firmar por alguna gran discográfica como Capitol Records.

Love nacería en 1965 de la unión de Lee con su amigo del instituto Johnny Echols, guitarrista con quien ya había empezado a tocar dos años antes en The LAGs, una banda instrumental cercana al Rythm and Blues.


La historia de Love y de la figura de Arthur Lee es tan extensa como controvertida. Los escándalos, los cambios en la formación y las luchas de ego -especialmente entre Lee y el guitarrista Bryan MacLean- provocaron que, posiblemente, la banda no alcanzara su techo.

El que fuera batería de la banda en la etapa de los discos Da Capo y Forever Changes, Michael Stuart-Ware,  relaciona en su libro Entre bastidores. De viaje con el grupo Love*  el férreo liderazgo de Lee con su experiencia baloncestística. Según Stuart-Ware, Lee se comportaba con el resto de componentes de la banda como un entrenador que intenta sacar lo mejor de cada uno de sus jugadores.

Todo lo que rodeaba al grupo, empezando por la discográfica Elektra, era visto por el líder de Love como un “equipo rival” al que había que doblegar una y otra vez. Lee no tenía problemas para gritar y reprender a sus compañeros si intuía que no estaban dando lo mejor de sí mismos en los ensayos y en los conciertos. Para él, el talento no bastaba para conseguir el éxito y creía en el trabajo duro como único instrumento para llegar a lo más alto. 

Puede que Arthur Lee nunca llegara a juntar el equipo con el que soñaba o que sus tácticas no fuera las más adecuadas.  Pese a ello, su talento y el de los músicos que le acompañaron a mediados de los 60 han dejado para la posteridad canciones que convierten a Love en un equipo ganador con derecho a figurar entre los más grandes. 






* El libro Entre bastidores. De viaje con el grupo Love de Michael Stuart-Ware fue editado en España por Metropolitan Ediciones SL en 2008.

12 de agosto de 2011

Con Lituania hemos topado


MARCOS PRIETO
El Madrid Arena acogerá este sábado 13 de agosto el segundo partido de la selección española en su gira de preparación para el próximo EuroBasket. Será un interesante test para la vigente campeona de Europa, que buscará  deleitar una vez más al público madrileño con una victoria sobre la siempre temible Lituania. La anfitriona del próximo campeonato continental y gran favorita a la lucha por las medallas intentará complicar las cosas a los hombres de Sergio Scariolo con su mezcla de veteranos curtidos en mil batallas y estrellas emergentes, como el pívot Jonas Valanciunas.


Curiosamente, el España-Lituania está enmarcado dentro de los actos de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 (JMJ2011). Por este motivo, la Federación Española de Baloncesto (FEB) cederá 3.500 entradas -¿o eran 5.000?- a los voluntarios de este gran encuentro de jóvenes de todo el mundo para que también ellos puedan disfrutar del partido en la Casa de Campo, haciendo un preámbulo deportivo antes de la sobredosis de oración y discurso papal que se avecina.


La FEB  ha explicado su apoyo a este evento organizado por la Iglesia Católica como “un homenaje al voluntariado”. Muchas otras empresas e instituciones españolas han echado una mano a la JMJ2011 de distintas maneras, en un encomiable esfuerzo por evitar que tan magno evento cueste un solo céntimo a los ciudadanos de un Estado aconfesional. La verdad es que lo de homenajear a los voluntarios no lo habíamos escuchado como justificación y suena a música celestial.


Sin embargo, existe el riesgo de que alguna oveja descarriada piense que lo de premiar al voluntariado no sea más que una pobre excusa para no reconocer la cruda realidad, ya que hay más ocasiones para acordarse de los sufridos voluntarios que nombres constan en el santoral  Sin ir más lejos, Madrid acogió el pasado mes de julio el congreso anual de los testigos cristianos de Jehová y el concierto de la banda estadounidense de rock Foo Fighters. Ambas citas se desarrollaron en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid con la inestimable ayuda de voluntarios, al igual que la mayoría de los eventos que suponen una notable afluencia de público y, por lo tanto, un gran despliegue organizativo.


Dicho esto y esperando que el partido del sábado sea ganado por España como Dios manda, cerramos este salmo con dos solemnes bienaveturanzas:


Bienaventurados sean los voluntarios de la JMJ2011, porque en su trabajo residirá gran parte del éxito o del fracaso de la visita de Benedicto XVI a Madrid y con su generosa presencia ayudarán a llenar las gradas del Madrid Arena en el España–Lituania. 


Bienaventurados doblemente sean los voluntarios de cualquier otro tipo de evento, porque con o sin entradas gratis para el baloncesto seguirán colaborando amablemente en citas para católicos, testigos de Jehová, rockeros, amantes de la cerveza, etc…

Pueden ir en paz.






15 de junio de 2011

Summertime

Ron Ron recibe una refrescante asistencia.

Veo a Ron Artest de fiesta en fiesta y de piscina en piscina. Veo a Dwight Howard entrenando con Hakeem Olajuwon y preparando su visita promocional a Madrid. Veo a Shaquille O’neal anunciando su retirada en Twitter. También veo a Steve Nash en todas partes y siempre sonriendo… Ah, sí, y veo a los Dallas Mavericks como campeones de la NBA y al Regal FC Barcelona como ídem de la Liga ACB.  Definitivamente, estamos en verano.

Y es que, aunque aún quedan algunos días para entrar oficialmente en periodo estival, ha llegado la hora de cambiar nuestro chip baloncestístico para empezar a pensar en clave veraniega. Esto significa que podemos ponernos ya el pantalón corto, unas zapatillas bien frescas –las chanclas para la playa, por favor- y las gafas de sol para empezar a pensar en el Draft, los fichajes para la próxima temporada, los campeonatos continentales y los training camps.

Poco puedo aportar por aquí a todo lo que se ha escrito sobre lo sucedido en los últimos días. Los Mavericks han sido justos vencedores y Dirk Nowitzki el merecido héroe de la hazaña del equipo tejano. Ver a un equipo tan unido y con una relación tan estrecha y cooperativa entre sus componentes, solo puede emocionar al buen aficionado. Enhorabuena, Mark Cuban.

Mirando a los derrotados, conviene recordar que en EE.UU. y en España somos expertos en bajar a los ídolos de su pedestal agarrándolos por los pelos. No creo que LeBron James fuera el salvador del mundo hace dos semanas y tampoco pienso que ahora sea el mayor perdedor sobre la faz del planeta. Miami Heat vendió mal su equipo de estrellas desde el principio y la aversión generada ante tal estrategia de marketing ha terminado por volverse en su contra.  
Esperemos para ver cómo cicatriza la herida en el equipo de Florida y si la amarga derrota sirve de motivación para la próxima campaña o, por el contrario, termina por destruir un proyecto tan arriesgado como costoso. Pase lo que pase, LeBron tendrá su anillo antes o después, no lo duden.

En España, la final de la Liga ACB nos deja la victoria del incontestable (dentro de nuestras fronteras) Regal FC Barcelona, la entrega del luchador Bilbao Basket en perfecta comunión con su afición y el que puede haber sido el último partido de Ricky Rubio con la camiseta blaugrana. Viendo su última temporada, puede que, por encima de madurar en la NBA a sus 20 años, esté la necesidad de recuperar el amor por el juego y la confianza en sus posibilidades. Minnesota puede ser el lugar apropiado para hacerlo.

Por cierto, lamento mucho haber dejado de actualizar regularmente este mi querido blog. Estudios y revoluciones varias me han mantenido un tanto ocupado las últimas semanas, pero prometo recuperar el tono. Mientras tanto, pueden seguir leyendo a un humilde servidor en esa fantástica web que es Basket4us o pasarse por el nuevo blog de mi amigo y excelso escritor Pepe Kubrick en El tirador melancólico.

13 de abril de 2011

¡Itu, Itu!

Cual asistencia debajo del aro, la semana pasada llegó a mis manos la autobiografía de Juanma Iturriaga titulada “Antes de que se me olvide” (Ediciones Turpial). Para alguien que vivió la década de los 80 entre el corralito, el parvulario y los bocadillos de Nocilla, Iturriaga es algo así como una representación humana de la época dorada que el baloncesto vivió en España en aquellos años.  Su carácter, su forma de moverse en la cancha y, por supuesto, su barba lo identificaban como un jugador distinto y especial. Personalmente, me despertaba muchas simpatías, aunque tras la lectura de su libro he descubierto que no todo el mundo era de la misma opinión.

Para los más jóvenes, Iturriaga es un periodista y un -digno- personaje televisivo que convirtió su animadversión por los medios de comunicación en su forma de vida tras una temprana retirada a los 31 años.  Como pasa con Fernando Romay, muchos no pueden imaginarse a Itu con pantalones cortos (cortísimos) sumando títulos con el Real Madrid y la Selección Española para conformar un palmarés al alcance de muy pocos jugadores europeos.

Los amantes del deporte de la canasta encontrarán en su libro el resumen de una era gloriosa de nuestro baloncesto sin la que no habrían sido posibles los éxitos a los que hoy en día estamos tan acostumbrados. Eran otros tiempos, otra España y otra forma de entender el deporte, pero el objetivo seguía siendo el mismo: ganar. Nombres como los de Tkachenko, Petrovic, Epi o Fernando Martín desfilan por las páginas porque fueron protagonistas de una década mágica y también de la vida del propio Iturriaga. Una vida que muchos habríamos deseado pero que, como todas, ha tenido sus claros y sus sombras.

A pesar de que el baloncesto y el buen humor forman la columna vertebral de esta autobiografía, Iturriaga no pasa por alto en su balance otras etapas de su vida, incluidas las más dramáticas. Sin convertirse en una obra de autoayuda, “Antes de que se me olvide” deja un buen puñado de consejos a modo de aviso para navegantes. Todos debemos pasar antes o después por la pérdida de seres queridos y por desengaños que la vida nos pone delante sin previo aviso. Con el medio siglo de vida ya superado, el ex jugador nos da motivos para el optimismo.

Por buscarle algún defecto al libro y seguir alimentando el “alien” que tantas veces atosiga al bueno de Itu, hay que decir que se echan en falta fotos que ayuden a ilustrar un poco mejor sus vivencias, especialmente a quienes no tienen en la memoria su etapa como jugador. Que pase por alto su mítico anuncio de la cuajada Danone es totalmente inadmisible, pero le perdonaremos por el puñado de grandes anécdotas que nos ha regalado y porque es de Bilbao.



PD: No dejéis de leer a Iturriaga en "El Blog del Palomero"



1 de abril de 2011

Ya disponible el número uno de la revista FadeAway



Este viernes 1 de abril ha visto la luz el número uno de la revista FadeAway, una nueva publicación online que hará las delicias de quienes disfrutamos leyendo baloncesto. 

Tras éxito del número piloto, la revista dirigida por Eusebi Sedeño llega con nuevas secciones, entrevistas exclusivas e interesantes reportajes. 

Baloncesto de ayer, hoy y mañana desde todas las partes del mundo y en una misma revista.


No os la perdáis.


Pincha aquí para acceder a la revista FadeAway

28 de marzo de 2011

Cambio de hora

El Real Madrid tendrán mucho trabajo frente al Power Electronics.

Los lunes son un buen momento para reflexionar sobre baloncesto desde nuestra concepción europea de la competición. Es un día para analizar lo sucedido en el fin de semana y realizar las previsiones pertinentes ante lo que se avecina en los próximos días. Euroliga, Eurocup, Euroliga otra vez y de nuevo Liga ACB… No hay casi respiro. Por suerte, los lunes nos permiten tomar un poco de aire antes de volver a sumergirnos en este frenético ritmo primaveral de partidos y competiciones.

 Al otro lado del Atlántico las cosas son un poco diferentes y, aunque esta época del año también se caracteriza por una sana locura -¡Viva Butler y viva la NCAA!-, la continuidad de la competición –lunes incluidos- es la tónica general en la NBA, donde los favoritos al anillo ya piensan más en velar armas de cara a los inminentes Playoffs que en seguir mostrando sus cartas.

Pero si algo ha marcado este último fin de semana es el cambio de hora. Y no lo digo por la entrada del horario de verano -vale, sí-, sino por la llegada del momento de la verdad para los equipos españoles.  Real Madrid, Power Electronics, Regal FC Barcelona y Caja Laboral  seguirán luchando el martes y el jueves por su plaza para la Final Four de la Euroliga, que se disputará en el Palau Sant Jordi del 6 al 8 de mayo . ¿Se imaginan tres equipos españoles compitiendo por el máximo título europeo? Además, Asefa Estudiantes y Cajasol disputarán el miércoles los partidos de vuelta de los cuartos de final de la Eurocup con la oportunidad de obtener el pase para la Final Four de Treviso.

"Qué lejos queda el próximo fin de semana y la 28ª jornada de la Liga ACB", pensarán algunos entrenadores y jugadores.

Por cierto, hay canciones que parecen creadas exclusivamente para despertarse e ilustrar vídeos con jugadas de Blake Griffin. Feliz lunes.


9 de marzo de 2011

Wouldn't it be nice

Kevin Love
Entre los chicos de la pequeña localidad de Lake Oswego (cerca de Portland, Oregon) no está muy bien visto decir que te gusta la música de un grupo que vivió su época dorada hace más de cuarenta años. Sin embargo, si por alguna razón te trasladas al sur de California y tarareas allí alguna pegadiza melodía de los Beach Boys, seguramente serás bien recibido.  Esto, o algo parecido, fue lo que le sucedió al pívot de los Minnesota Timberwolves que esta semana no para de recibir titulares y palabras de elogio tras encadenar 51 encuentros consecutivos firmando un “doble-doble” (al menos diez puntos y diez rebotes) e igualar la marca del mítico Moses Malone.

Kevin Love siempre se ha sentido orgulloso de su ascendencia. Su padre, Stan Love, que jugó cuatro temporadas en la NBA en los setenta (Baltimore Bullets y Los Angeles Lakers), es el hermano del cantante de los Beach Boys, Mike Love, y  sobrino de otros tres miembros del legendario grupo, Brian Wilson, Carl Wilson y Dennis Wilson. Además, una de las tías de Kevin es Maurine Love, aclamada arpista del grupo Pink Martini, y otra es Kathleen McCartney Hearst, vencedora del Ironman (la prueba más dura del triatlón) en 1982.

Con estos antecedentes familiares, Love estaba predestinado a triunfar en la música y el deporte, pero la capacidad de capturar rebotes y anotar se impuso rápidamente a su habilidad para cantar o tocar un instrumento.

Cuando el actual "Mr. 'Doble-Doble'” de la NBA tenía tan sólo 6 años, su tío Mike decidió sacarle junto a su banda durante un concierto y ponerle un micrófono cerca de la la boca. Cuando miles de personas esperaban que el niño comenzara a cantar, el pequeño Kevin permaneció en silencio y con la mirada fija en el infinito antes de salir discretamente del escenario pocos segundos después. Ahí empezó y terminó su carrera musical.

“A mí no me mires. No rengo una sola nota en mi cabeza, no puedo tocar ni un solo instrumento y te aseguro que no quieres oirme cantar”, aseguraba recientemente el jugador al diario británico The Telegraph,

“Estoy tremendamente orgulloso de mi conexión con los Beach Boys, que crece a medida que viajo por EE.UU. y otras partes del mundo, dándome cuenta exactamente de cuánto significan para mucha gente. Todo el mundo parece tener su canción o recuerdo favorito del grupo”.

“Por supuesto, tengo la mayor parte de su trabajo en mi iPod, especialmente 'Pet Sounds', uno de los mejores discos contemporáneos.  Los Beach Boys sacaron este disco porque pensaban que el 'Revolver' de los Beatles era increíble y lo vieron como un desafío. Los Beatles respondieron con el 'Sargent Pepper's' porque pensaban que 'Pet Sounds' era el mejor album de la historia. Fue un poco como un concurso de mates. Todos son grandes”, afirma.

Los Beach Boys con el tío de Kevin, Mike Love, en el centro.
Al ser preguntado por su canciones favoritas de los “Chicos de la playa”, Kevin Love elige sin dudar “’Wouldn't it be nice’, ‘Good Vibrations’, ‘Help Me Rhonda’ y, por supuesto, ‘California Girls’”.

“Creciendo dentro de la familia a veces olvidas cómo era la banda de especial. Tengo que reconocer que todo lo referente a los Beach Boys empezó a cobrar sentido para mí cuando pasé un año en UCLA. Me sentaba por el campus en un día soleado admirando las vistas y era como si 'California Girls' comenzara a sonar”, reconoce Love.

Curiosamente, el pívot de la selección de EE.UU. que se proclamó campeona del Mundo en Turquía 2010  ha aprovechado su relación familiar con los Beach Boys para “robarles” al que ha sido el chef personal de la banda durante en los últimos tiempos, Isaac Werre. Lo que aún no sabemos es si el jugador llamado a marcar una época en la NBA –quién sabe si con Ricky Rubio a su lado- tiene los mismos gustos culinarios de los miembros grupo que también marcó una época en la música del siglo XX. ¿No sería bonito?

7 de marzo de 2011

Chupando banquillo

Carlos Jiménez y la soledad del banquillo.
Más por casualidad que por deseo, últimamente me siento muy cerca de los banquillos visitantes cuando acudo a presenciar un partido de baloncesto. Estuve muy cerca del banco del Regal FC Barcelona en la última final de la Copa del Rey disputada en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid y este domingo ocupé una posición muy parecida en el Estudiantes - Unicaja jugado en Vistalegre.

Ver e incluso escuchar a los entrenadores, observar las reacciones de los jugadores cuando son sustituidos o apreciar el trabajo de utilleros, fisioterapeutas y delegados no son los objetivos principales de quien paga (o recibe) una entrada para ver un partido, pero reconozco que, en ocasiones, disfruto casi tanto mirando hacia esa fila de sillas como siguiendo cuanto sucede en el parquet.

En la final de la Copa del Rey me sentí un auténtico privilegiado por estar cerca de un banquillo tan cohesionado como el del Barça.  La cara de Juan Carlos Navarro, sustituido y agobiado por la defensa asfixiante de Pablo Prigioni, o la serenidad de Xavi Pascual en los momentos de mayor tensión del encuentro son los dos detalles que mejor recuerdo de esa noche. También pude ver como Ricky se torcía el tobillo en el tercer cuarto y rápidamente se iba con el médico y los fisios a una esquina del pabellón para hacer una prueba de urgencia que determinase si podía seguir jugando o no. Pulgares arriba y Ricky volvía  de nuevo a la cancha con una visible cojera.

La alegría de un equipo que acaba de ganar un partido o un título también se aprecia de forma diferente al lado del banquillo. Saltos, abrazos, gritos… y también gestos cómplices que recuerdan el esfuerzo y el trabajo necesario para alcanzar el éxito.  

Ayer llegué a Vistalegre dispuesto a analizar todo cuanto pasara en el banquillo del Unicaja, pero toda mi atención se  la terminó llevando un jugador que no iba a disputar ni un segundo de juego. Ver a Carlos Jiménez sentado al final del banquillo, separado por dos o tres sillas del resto de sus compañeros, me recordó lo ingrato que puede ser en ocasiones este deporte. A nadie le gusta estar mucho tiempo en el banquillo y menos aún cuando sabes que no vas a poder jugar porque estás lesionado. Si encima tu equipo no está teniendo una temporada fácil  y se encamina a una nueva derrota, la sensación no puede ser más agria.  

No era la primera vez que Carlos Jiménez regresaba a la cancha en la que tanto rindió como jugador del Estudiantes, pero podía imaginarme la ilusión que le habría hecho al que fuera capitán de la Selección Española jugar en su casa y ante la afición a la que tantas alegrías proporcionó. Allí estaba él, en vaqueros y con el anorak del club, viviendo el partido con esa tensión no exteriorizada que siempre le ha caracterizado. Curtido en mil batallas, seguro que volverá a disfrutar de buenos momentos en el conjunto malagueño. Se lo merece.

Hace meses estuve en esa misma posición privilegiada de Vistalegre viendo el último partido de Oscar Quintana al frente del Meridiano Alicante. La sonrisa de resignación del técnico al ver como se escapaba el partido y el silencio del resto de los habitantes del banquillo hacían fácil prever lo que esa misma tarde iba acontecer. Destitución.

Mi objetivo ahora es ver de cerca el banquillo del Real Madrid. Ese que Ettore Messina ha decidido abandonar para “unir al equipo”  y en el que siempre se ve a Sergi Vidal animando sin descanso.  A ver si Emanuele Molin me hace ficha para lo que queda de temporada, aunque no estoy totalmente seguro de que el tema dependa de él…

4 de marzo de 2011

Las ovejas negras de la NBA

Charlie Sheen es un habitual del Staples
Aprovechando el revuelo montado en EE.UU. y en todo el mundo con los diferentes escándalos en los que se ha visto involucrado el actor Charlie Sheen, la prestigiosa web Basketball-Reference.com ha publicado un curioso análisis de Neil Paine. En el mismo se establece un peculiar paralelismo entre el caso de Sheen y el de algunos ex jugadores de la NBA.

Se trata de jugadores que en su momento jugaban en equipos ganadores, tenían el mejor sueldo de la plantilla y eran liberados a mitad de temporada por algún turbio incidente. Exactamente lo mismo que le ha pasado a Sheen, protagonista indiscutible de la exitosa comedia “Dos hombres y medio”, que ha sido cancelada en mitad de su octava temporada.

¿Adivináis quiénes son?



Aquí os dejo el enlace al análisis sin desperdicio de Paine:



2 de marzo de 2011

Una leyenda a ritmo de jazz


La historia de la NBA está repleta de vidas apasionantes en las que intentaremos ahondar en este blog. De todas ellas, hay una que destaca especialmente por pertenecer a una de las mayores leyendas que jamás haya pisado una cancha de baloncesto. Hablamos de quien sigue siendo el máximo anotador histórico de la competición, de uno de los pívots más dominantes, de un hombre que cambió la liga y el juego para siempre… Y de un amante del jazz. Hablamos de Kareem Abdul-Jabbar.

Sería pecado mortal obviar todos los logros deportivos del jugador nacido en 1947 y conocido como Lew Alcindor antes de su conversión al Islam. Su brillante carrera desde los tiempos en la Power Memorial Academy, su tremendo impacto en la liga universitaria con UCLA o su fulgurante paso por los Milwaukee Bucks y Los Angeles Lakers en la NBA forman ya parte de la historia del baloncesto y dan para redactar tomos tan extensos como los 2.18 m. de altura del propio Abdul-Jabbar. También se podría escribir durante horas sobre su afición a la lectura, sus libros, su compromiso social, su afición por el yoga y las artes marciales o su aparición en numerosas películas. Sin embargo, hoy queremos hacer hincapié en su amor por la música, con el jazz como elemento principal.

Nacido en Harlem e hijo de un trombonista, el pequeño Ferdinand Lewis Alcindor Jr. se empapó desde muy pequeño de un sonido que ya era la banda sonora habitual de las calles de Nueva York, traspasando las barreras raciales de la época. Louis Armstrong, Cab Calloway, Dizzy Gillespie, Thelonius Monk, Duke Ellington, Charlie Parker o Miles Davis pasarían a convertirse en héroes para aquel niño espigado que aún hoy sigue rindiéndoles tributo en su página web.

Dice Abdul-Jabbar que el jazz le convirtió en mejor jugador al aplicar al baloncesto la filosofía de este género musical nacido a finales del siglo XIX de la mano de las comunidades negras del sur de EE.UU. “Cada persona toca como parte de un equipo de músicos que se escuchan unos a otros y responden adecuadamente. Cuando llega el momento, un músico destaca, luego otro y así sucesivamente, dependiendo de la pieza. Hay improvisación pero siempre dentro de la estructura musical de un objetivo común”, asegura el ex jugador.

Lo que era una afición más o menos personal de Abdul-Jabbar pasó a ser de dominio público en 1983 por culpa de un desgraciado accidente. Un incendio devastó la mansión que el jugador poseía en el selecto barrio angelino de Bel Air y, aunque el fuego no causó daños personales, convirtió en cenizas la mayor parte de sus pertenencias. Libros, documentos, trofeos, prendas de vestir,  muebles… y una colección de 3.000 discos de jazz de incalculable valor. Su familia, el Islam y el baloncesto fueron los refugios del jugador para superar estos momentos difíciles, mientras amigos y aficionados le enviaban discos para ayudarle a rehacer su colección.

En ocasiones, grandes estrellas del jazz interpretaban el himno estadounidense antes del comienzo de los partidos y a Kareem le gustaba pensar que eso le haría jugar mejor. Como curiosidad, el  inventor del “sky hook” opina que Al Jarreau es el mejor intérprete vocal del “Barras y estrellas”,  mientras que a nivel instrumental elige las versiones del trompetista Wynton Marsalis.

Todo el amor de Abdul-Jabbar  por el jazz ha quedado plasmado en su libro (y futuro documental) “On the Shoulders of Giants: My Journey Through the Harlem Renaissance”, en el que utiliza este género musical para ilustrar la evolución del baloncesto y los logros de la comunidad negra.

El caso de Abdul-Jabbar no es único y en la liga ha habido otros grandes amantes del jazz como Walt Hazzard o Spencer Haywood. Pero si ha habido un jugador estrechamente ligado al jazz, ese ha sido Wayman Tisdale. Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 84 y jugador de Pacers, Kings y Suns, Tisdale fue también un virtuoso bajista que grabó  varios discos de gran calidad. Tras retirarse en 1997 y ya dedicado por completo a la música, un cáncer detectado en 2007 pudo con él en 2009.  Otro tipo de cáncer, una leucemia, atacó a Abdul-Jabbar en 2008. Afortunadamente, el actual entrenador de pívots de los Lakers, se encuentra totalmente recuperado.

Es complicado pensar que entre los jugadores actúales de la NBA haya vida más allá del hip hop pero, si se investiga un poco, aparecen casos como el del jugador de los Houston Rockets Shane Battier, guitarrista en sus ratos libres y gran fan de Jimi Hendrix, o el del pívot de los Minnesota Timberwolves, Kevin Love,  sobrino de Mike Love, miembro de los legendarios Beach Boys. Pero la ascendencia artística de Kevin Love y sus gustos musicales no quedan ahí. Lo trataremos más adelante…


“El jazz es querer levantarse de una silla y mover tu cuerpo simplemente porque estás vivo y el mundo está lleno de posibilidades”. Kareem Abdul-Jabbar.






1 de marzo de 2011

La conquista del Este

Carmelo y Chauncey, del Este al Oeste

Los recientes y sonados traspasos en la NBA han vuelto a subrayar una tendencia que se viene manifestando en los últimos tiempos. Tras una larga supremacía de las divisiones del Oeste sobre las del Este en la captación de vacas sagradas, las grandes estrellas de la competición parecen estar dejando claro que ahora mismo prefieren tener su residencia más cerca del Atlántico que del Pacífico.

Se sabía que la llegada de Amar'e Stoudamire a los New York Knicks era el preámbulo del desembarco en el Madison de otras estrellas que intentarían devolver de una vez por todas el prestigio a una franquicia histórica y, de paso, plantar cara a los Boston Celtics , los Miami Heat y los Orlando Magic en el Este. Con Carmelo Anthony y el veterano Chauncey Billups el equipo de Mike D’Antoni ha conformado su particular “big three”, una revisión de un tipo de proyecto que ya probaron con éxito en Boston al unir a Kevin Garnett, Ray Allen y Paul Pierce. El pasado verano, Miami también se apuntó a la moda, añadiendo las nóminas de Lebron James y Chris Bosh a la de Dwyane Wade.  

Si bien el “tripartito” de los Heat  se formó con la suma de dos estrellas ya consagradas del Este, la llegada de Anthony a los Knicks desde Denver y la de Deron Williams a los New Jersey Nets desde Utah supone que dos miembros  del equipo del Oeste en el último All Star 2011 de Los Angeles cambian de conferencia. A sus nombres hay que sumar los de otros dos ex All Star: el citado Billups y el pívot Carlos Boozer, que el pasado verano cambió el frío de Salt Lake City por el viento de Chicago.

Lógicamente, el Oeste no está vendiendo duros a peseta y sus equipos  se refuerzan con jugadores que, pese a no tener la catalogación de superestrellas, si gozan del estatus de  destacados. David Lee (Golden State Warriors) y, más recientemente, Devin Harris (Utah Jazz) o Gerald Wallace (Portland Trail Blazers) son buenos ejemplos de estos refuerzos de lujo que han abandonado el Este.

Ahora está por ver si la mudanza de primeros espadas se traduce en un verdadero nuevo orden en la liga. El Oeste sigue siendo el feudo de los actuales defensores del anillo -Los Angeles Lakers-, del equipo más en forma de la competición –los veteranos San Antonio Spurs- y del equipo de moda- Oklahoma City Thunder-. Kobe Bryant, Pau Gasol, Tim Duncan, Dirk Nowitzki, Kevin Durant o Chris Paul siguen allí y no hay que olvidar que algunas de las mayores bazas presentes y futuras de la liga como Blake Griffin, Kevin Love, Russell Westbrook o Stephen Curry están en el Oeste  y, por el momento, allí se van a quedar.

28 de febrero de 2011

And the Oscar goes to...

Bryant lanza en suspensión ante Sefolosha.

La resaca de los Oscar y de un nuevo fin de semana de baloncesto provoca que la mente realice extraños paralelismos con la llegada del lunes. La victoria de Los Angeles Lakers en Oklahoma City este domingo por 90-87 daría para rodar una película que podría optar a numerosos premios, pero vamos a centrarnos en los reconocimientos a los intérpretes.

Como pasa en el Kodak Theatre, siempre hay un actor que a priori tiene todas las papeletas para llevarse la estatuilla dorada y, en el caso del equipo angelino, ese no puede ser otro que Kobe Bryant. El MVP del último All Star lleva bien el calor de los focos y en el Ford Center no renunció a protagonizar las escenas más arriesgadas, aunque para ello tuvo que apoyarse antes en otros actores a los que la catalogación de secundarios se les queda bastante corta.

Los “dobles-dobles” de Pau Gasol no son ninguna novedad, pero es necesario analizar en qué momentos del partido se produce su aportación para poder valorar realmente su peso en el equipo. El pívot catalán está firmando unos porcentajes de tiro extraordinarios en los momentos de la verdad y frente a defensores capaces de hacer de la intimidación un arte, como es el caso del congoleño y futuro español Serge Ibaka. Además, Gasol no está solo en la pintura, ya que Andrew Bynum también se está mostrando consistente cerca de los aros. Con sus dos pívots en plenas facultades, los Lakers tienen mucho ganado.

Por su parte, Ron Artest parece haber entendido que la competición se acerca a los momentos  decisivos y el equipo necesita, además de su gran aportación defensiva, sus particulares “cameos” en forma de canastas inesperadas y no demasiado estéticas que minan la moral de sus rivales.


En el otro lado de la balanza están las discretas actuaciones de dos jugadores que ahora mismo ostentan el denostado rol de figurantes. Lamar Odom  parece tener la mente bastante alejada de los triángulos ofensivos de Phil Jackson y sus lagunas de concentración son un grave problema para los defensores del anillo. En la posición de base, Derek Fisher sigue sin brillar y no está teniendo en Steve Blake un recambio de garantías para la dirección del juego. 

La regla dice que a más puntos de Bryant menores son las posibilidades de los Lakers y en Oklahoma City se volvió a cumplir frente a unos combativos Thunder. El escolta llegó con 15 puntos en su haber a los últimos cinco minutos del encuentro y reservó su mejor frase para la escena decisiva. Así, un enorme “fade away” del número 24 ponía el partido en manos de los de Phil Jackson a menos de un minuto para el final y silenciaba el pabellón. La rabia que se reflejaba en el rostro de Bryant tras esa canasta era la señal inequívoca de que la misión estaba cumplida. Otro Oscar más para la colección de "The Black Mamba".

El Ford Center se ha convertido en la cancha más ruidosa de la NBA y, desde los últimos Playoffs, también en una de las que mayor tirria guarda a los Lakers. El ya universal “beat L.A.” resuena con fuerza en las gradas ocupadas por una afición que desea ver a la franquicia más joven de la liga dando un paso más en la lucha por el anillo. Para conseguirlo también tienen a su actor principal -Kevin Durant- , su co-protagonista –Russell Westbrook- y sus secundarios de lujo, encabezados por Ibaka, James Harden  y Thabo Sefolosha. Si a Kendrick Perkins y Nate Robinson se les pasa pronto el cabreo por su traspaso desde los Celtics, Oklahoma City puede pensar ya en el Oscar al mejor guión adaptado, que se sumaría al de artista revelación conseguido la temporada pasada.



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