Entre los chicos de la pequeña localidad de Lake Oswego (cerca de Portland, Oregon) no está muy bien visto decir que te gusta la música de un grupo que vivió su época dorada hace más de cuarenta años. Sin embargo, si por alguna razón te trasladas al sur de California y tarareas allí alguna pegadiza melodía de los Beach Boys, seguramente serás bien recibido. Esto, o algo parecido, fue lo que le sucedió al pívot de los Minnesota Timberwolves que esta semana no para de recibir titulares y palabras de elogio tras encadenar 51 encuentros consecutivos firmando un “doble-doble” (al menos diez puntos y diez rebotes) e igualar la marca del mítico Moses Malone.
Kevin Love siempre se ha sentido orgulloso de su ascendencia. Su padre, Stan Love, que jugó cuatro temporadas en la NBA en los setenta (Baltimore Bullets y Los Angeles Lakers), es el hermano del cantante de losBeach Boys,Mike Love, y sobrino de otros tres miembros del legendario grupo,Brian Wilson,Carl WilsonyDennis Wilson. Además, una de las tías de Kevin es Maurine Love, aclamada arpista del grupo Pink Martini, y otra es Kathleen McCartney Hearst, vencedora del Ironman (la prueba más dura deltriatlón) en1982.
Con estos antecedentes familiares, Love estaba predestinado a triunfar en la música y el deporte, pero la capacidad de capturar rebotes y anotar se impuso rápidamente a su habilidad para cantar o tocar un instrumento.
Cuando el actual "Mr. 'Doble-Doble'” de la NBA tenía tan sólo 6 años, su tío Mike decidió sacarle junto a su banda durante un concierto y ponerle un micrófono cerca de la la boca. Cuando miles de personas esperaban que el niño comenzara a cantar, el pequeño Kevin permaneció en silencio y con la mirada fija en el infinito antes de salir discretamente del escenario pocos segundos después. Ahí empezó y terminó su carrera musical.
“A mí no me mires. No rengo una sola nota en mi cabeza, no puedo tocar ni un solo instrumento y te aseguro que no quieres oirme cantar”, aseguraba recientemente el jugador al diario británico The Telegraph,
“Estoy tremendamente orgulloso de mi conexión con los Beach Boys, que crece a medida que viajo por EE.UU. y otras partes del mundo, dándome cuenta exactamente de cuánto significan para mucha gente. Todo el mundo parece tener su canción o recuerdo favorito del grupo”.
“Por supuesto, tengo la mayor parte de su trabajo en mi iPod, especialmente 'Pet Sounds', uno de los mejores discos contemporáneos. Los Beach Boys sacaron este disco porque pensaban que el 'Revolver' de los Beatles era increíble y lo vieron como un desafío. Los Beatles respondieron con el 'Sargent Pepper's' porque pensaban que 'Pet Sounds' era el mejor album de la historia. Fue un poco como un concurso de mates. Todos son grandes”, afirma.
Los Beach Boys con el tío de Kevin, Mike Love, en el centro.
Al ser preguntado por su canciones favoritas de los “Chicos de la playa”, Kevin Love elige sin dudar “’Wouldn't it be nice’, ‘Good Vibrations’, ‘Help Me Rhonda’ y, por supuesto, ‘California Girls’”.
“Creciendo dentro de la familia a veces olvidas cómo era la banda de especial. Tengo que reconocer que todo lo referente a los Beach Boys empezó a cobrar sentido para mí cuando pasé un año en UCLA. Me sentaba por el campus en un día soleado admirando las vistas y era como si 'California Girls' comenzara a sonar”, reconoce Love.
Curiosamente, el pívot de la selección de EE.UU. que se proclamó campeona del Mundo en Turquía 2010 ha aprovechado su relación familiar con los Beach Boys para “robarles” al que ha sido el chef personal de la banda durante en los últimos tiempos, Isaac Werre. Lo que aún no sabemos es si el jugador llamado a marcar una época en la NBA –quién sabe si con Ricky Rubio a su lado- tiene los mismos gustos culinarios de los miembros grupo que también marcó una época en la música del siglo XX. ¿No sería bonito?
La historia de la NBA está repleta de vidas apasionantes en las que intentaremos ahondar en este blog. De todas ellas, hay una que destaca especialmente por pertenecer a una de las mayores leyendas que jamás haya pisado una cancha de baloncesto. Hablamos de quien sigue siendo el máximo anotador histórico de la competición, de uno de los pívots más dominantes, de un hombre que cambió la liga y el juego para siempre… Y de un amante del jazz. Hablamos de Kareem Abdul-Jabbar.
Sería pecado mortal obviar todos los logros deportivos del jugador nacido en 1947 y conocido como Lew Alcindor antes de su conversión al Islam. Su brillante carrera desde los tiempos en la Power Memorial Academy, su tremendo impacto en la liga universitaria con UCLA o su fulgurante paso por los Milwaukee Bucks y Los Angeles Lakers en la NBA forman ya parte de la historia del baloncesto y dan para redactar tomos tan extensos como los 2.18 m. de altura del propio Abdul-Jabbar. También se podría escribir durante horas sobre su afición a la lectura, sus libros, su compromiso social, su afición por el yoga y las artes marciales o su aparición en numerosas películas. Sin embargo, hoy queremos hacer hincapié en su amor por la música, con el jazz como elemento principal.
Nacido en Harlem e hijo de un trombonista, el pequeño Ferdinand Lewis Alcindor Jr. se empapó desde muy pequeño de un sonido que ya era la banda sonora habitual de las calles de Nueva York, traspasando las barreras raciales de la época. Louis Armstrong, Cab Calloway, Dizzy Gillespie, Thelonius Monk, Duke Ellington, Charlie Parker o Miles Davis pasarían a convertirse en héroes para aquel niño espigado que aún hoy sigue rindiéndoles tributo en su página web.
Dice Abdul-Jabbar que el jazz le convirtió en mejor jugador al aplicar al baloncesto la filosofía de este género musical nacido a finales del siglo XIX de la mano de las comunidades negras del sur de EE.UU. “Cada persona toca como parte de un equipo de músicos que se escuchan unos a otros y responden adecuadamente. Cuando llega el momento, un músico destaca, luego otro y así sucesivamente, dependiendo de la pieza. Hay improvisación pero siempre dentro de la estructura musical de un objetivo común”, asegura el ex jugador.
Lo que era una afición más o menos personal de Abdul-Jabbar pasó a ser de dominio público en 1983 por culpa de un desgraciado accidente. Un incendio devastó la mansión que el jugador poseía en el selecto barrio angelino de Bel Air y, aunque el fuego no causó daños personales, convirtió en cenizas la mayor parte de sus pertenencias. Libros, documentos, trofeos, prendas de vestir, muebles… y una colección de 3.000 discos de jazz de incalculable valor. Su familia, el Islam y el baloncesto fueron los refugios del jugador para superar estos momentos difíciles, mientras amigos y aficionados le enviaban discos para ayudarle a rehacer su colección.
En ocasiones, grandes estrellas del jazz interpretaban el himno estadounidense antes del comienzo de los partidos y a Kareem le gustaba pensar que eso le haría jugar mejor. Como curiosidad, el inventor del “sky hook” opina que Al Jarreau es el mejor intérprete vocal del “Barras y estrellas”, mientras que a nivel instrumental elige las versiones del trompetista Wynton Marsalis.
Todo el amor de Abdul-Jabbar por el jazz ha quedado plasmado en su libro (y futuro documental) “On the Shoulders of Giants: My Journey Through the Harlem Renaissance”, en el que utiliza este género musical para ilustrar la evolución del baloncesto y los logros de la comunidad negra.
El caso de Abdul-Jabbar no es único y en la liga ha habido otros grandes amantes del jazz como Walt Hazzard o Spencer Haywood. Pero si ha habido un jugador estrechamente ligado al jazz, ese ha sido Wayman Tisdale. Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 84 y jugador de Pacers, Kings y Suns, Tisdale fue también un virtuoso bajista que grabó varios discos de gran calidad. Tras retirarse en 1997 y ya dedicado por completo a la música, un cáncer detectado en 2007 pudo con él en 2009. Otro tipo de cáncer, una leucemia, atacó a Abdul-Jabbar en 2008. Afortunadamente, el actual entrenador de pívots de los Lakers, se encuentra totalmente recuperado.
Es complicado pensar que entre los jugadores actúales de la NBA haya vida más allá del hip hop pero, si se investiga un poco, aparecen casos como el del jugador de los Houston Rockets Shane Battier, guitarrista en sus ratos libres y gran fan de Jimi Hendrix, o el del pívot de los Minnesota Timberwolves, Kevin Love, sobrino de Mike Love, miembro de los legendarios Beach Boys. Pero la ascendencia artística de Kevin Love y sus gustos musicales no quedan ahí. Lo trataremos más adelante…
“El jazz es querer levantarse de una silla y mover tu cuerpo simplemente porque estás vivo y el mundo está lleno de posibilidades”. Kareem Abdul-Jabbar.
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